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traban la paz". De esto hay pruebas a esgaya. Recordemos al– guna. Lina Moro recordó siempre aquel "bellaca" que le dijo el P. Pío. Ella misma escribió: "Me llamó bellaca y ahora le quiero más". Recuerda lo ocurrido: "Me presenté al P. Pío... Le había hablado de la oscilación de mi alma, de los retrasos no corregidos, cuando, de improviso, sin pensarlo, siento como un latigazo el 'eres una bellaca'. Tuve el atrevimiento de intentar excusarme. Fue peor. Otro bofetón: 'Oh, vete en paz, vete en paz', pero con el oído pegado a la rejilla para seguir oyéndome... Yo no me moví y dejé caer en su oído un río de palabras, que me las dictaba una sincera contrición. Eran las palabras que él esperaba, las que quería oír, flagelándome con aquel 'vete en paz'... ". "Bellaca" me repetía a mí misma y le daba vueltas a este adjetivo, dicho como un cumplido. Y o no me detenía en la pala– bra, sino en el motivo de la misma. Y veía al hermano que repren– día al hermano porque había ofendido al Padre. Veía al caballero fiel a su rey que lanza invectivas contra el que quiere desertar, para hacerle comprender, no importa si con modales rudos, su obligación. Porque aquel corazón que hablaba estaba sufriendo. Porque aquellas culpas que a nuestros ojos, sucios de fango, parecen pequeñeces, al que está cerca de Dios le pesan... Y tú sientes un gran deseo de no caer más e incide en tu espíritu un adjetivo, una palabra fea: "Bellaca", y la recuerdas como un don, en tu interior, porque la dijo él". Y lo que nos confía otro penitente, rechazado tres veces por el P. Pío y absuelto luego por él: "Ahora comprendo la gravedad de mis faltas. Hasta ahora nadie me había sacudido de verdad, por lo que fácilmente me justificaba en mis fallos. Ahora com– prendo y doy gracias al buen Dios, que se valió del pulso firme y al mismo tiempo paternal del P. Pío". Al leer referencias de otros penitentes acerca de las palabras ásperas y los gestos bruscos del P. Pío, afloran, de los evangelios, alegres la mayor parte de las veces, ciertas palabras y gestos de Jesús: por ejemplo, cuando en Caná rechaza a su madre, o a la cananea; el aparente desinterés y la lentitud en acudir a socorrer a su amigo Lázaro, que estaba enfermo; las invectivas contra los fariseos, contra Pedro, que no comprende el misterio de la cruz, contra las ciudades sordas a las llamadas de Dios y de sus profe- 179

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