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Tenemos relatos de testigos de vista. Don Alejandro Lingua dice: "Los más salen del confesonario no sólo purificados, sino incluso transfigurados . Se apresuran por encontrar un sitio soli– tario , cerca del altar, y allí solos, con los ojos cerrados, el rostro entre las manos, se quedan como clavados para siempre". Fer– nanda Bianco: "Nadie salió jamás decepcionado. Nadie, después de haber hablado al Padre, me ha dicho que no ha encontrado en él lo que buscaba. Es verdaderamente sorprendente este poder suyo de dar a cada uno lo que pide. Los que se van después de haberle visto, marchan tranquilos , serenos, más fortalecidos espi– ritualmente". Nos da un retrato del P. Pío confesor el Cardenal Lercaro: "Firme e inflexible hasta el punto de ser brusco y huraño; y al mismo tiempo abierto y acogedor hasta el punto de devolver la paz y la serenidad a quien hacía años que no la tenía, que acaso nunca la había gustado". En resumen, el confesor del Gargano tenía un estilo propio, un arte del todo personal, carismático. Era un hombre eficaz. El P. Pío - al que se le llamó "misionero fuera de lo corriente" era como un pintor. Ya araña la tela con mano violenta, recia, vigo– rosa; o bien la acaricia con pinceladas delicadísimas. El resultado era el mismo: convertía el corazón de la gente y se lo devolvía a Dios. Frente al pecado y al pecador El confesonario del P. Pío - como sala de tribunal en que sólo hay sitio para el juez y el reo- fue testigo de palabras llenas de fuego, aterradoras, de dilemas precisos, de desconcertantes negaciones de absolución. Eran lanzadas contra la reja del peni– tente mal dispuesto. De esto tienen mucho que contar sus peni– tentes. El mismo P. Pío lo reconoce. Desde el 14 de junio de 1920, luego en noviembre de 1921, da cuenta al P. Benito de sus "des– ahogos", sus golpes con la mano "temblorosa", sus correcciones levantando "un poco la voz". Trata de dar de ello una explicación que permita comprender su psicología y pedagogía pastoral. Pre– senta una explicación psicológica de estar horas y más horas, sin 172

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