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redención da a las almas dulces consejos, excitando fraternal– mente a la paciencia, a la constancia, a una mayor generosidad para caminar a la perfección". Es un ·confesor que con frecuencia no escucha al penitente. A la luz de Dios ha leído ya su conciencia, con puntos y comas. Don Alejandro concluye con una observación, con la que están de acuerdo observaciones de muchísimos penitentes llega– dos a San Giovanni Rotondo: "Es cierto que allá arriba se en– cuentra de pronto la respuesta a los problemas íntimos e inquie– tantes, se bebe en las cristalinas fuentes de la gracia. Aunque algunos se vean fustigados y rechazados, la mente corre a aquel convento con una insistencia que no admite tregua y sólo se aplaca con la esperanza de volver, sedientos de amor, de perdón, de fuerza divina". El mismo P. Pío resume su metodología pastoral cuando, escribiendo al P. Agustín, director de almas, le exhorta al amor cordial, paternal, pastoral hacia los hermanos: "Sírvales de alien– to espiritual, con un aspecto amable y agraciado, para que acudan con alegría. No le digo, querido padre, que sea usted adulador, sino dulce, suave, amable. En una palabra, ame con amor cordial, paternal y pastoral a estos pobres desdichados del mundo y lo habrá hecho todo. Será todo para todos, padre de cada uno y ayuda para todos. Sólo esta condición es suficiente". Sin preten– derlo, el P. Pío nos ha dejado en estas líneas su retrato como -::or.ifesor y las líneas de su metodología. Esa metodología se la enseñaba el mismo Dios. Aunque pas– toralmente pluriforme en conformidad con las almas, una sola era la idea matriz. La señaló cuando le preguntaron cómo conse– guía dar vida a tantas almas: -No soy yo, es aquél que está en mí y por encima de mí. Trataba al penitente, al dispuesto como al no dispuesto, como le enseñaba el Señor. Por esa razón, porque todo, en el trato con las almas, le llegaba <Je arriba, no acumulaba medios humanos, sino que lo fundaba todo sobre la gracia únicamente. Era, por tanto, una metodología vertical, aunque sin desdeñar los medios humanos que le proporcionaban la sociología, la psicología y la pedagogía para el conocimiento y dirección de las almas. Eran dos las impresiones que se sacaban, claras y en un cierto contraste: condenaba y odiaba al pecado sin piedad; amaba y se interesaba por las almas, sin límites de misericordia. Movida por 170

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