BCCCAP00000000000000000000448

nito que le encomiende a Dios: "Dígale que esta cruz que me ha mandado estos días no la quiero de ningún modo, porque veo que' me hace mal y que es un obstáculo para mi ministerio. Si no me la quita, no puedo seguir adelante". Posiblemente alude a esta cruz cuando escribe al mismo P. Benito el 10 de enero de 1922: "La tribulación a la que me refería en la carta anterior me persigue con más furor. Rece y haga que recen también otras almas queridas de Jesús, a fin de que, si es de su agrado, me la cambie por otra. No tendría tantas ganas de verme libre si no comprobase el grave obstáculo que significa para el libre ejercicio de mi ministerio . El pensamiento de no vivir en gracia delante de Dios, la duda . del abuso de los santos sacramentos, de no haber tratado santa– mente las cosas santas, el no haberlo confesado todo y bien, es una espina que me lacera de continuo el corazón y ya no sé a qué santo encomendarme... A medida que compruebo que el cielo es para mí más de bronce, me confirmo en mi persuasión... No quiero desesperarme, porque no quiero hacer de menos a la pie– dad divina, pero noto que la muerte me penetra hasta en los escondrijos de mi ser". El P. Benito, el I de febrero de 1922, le garantiza ser ésta "una cruz de aquellas preciosas -demasiado preciosas- ... ¿Ofender a Dios? Este temor es la corona de todas las crucifixiones". En otras cartas el P. Pío - el que pone en paz a tantas almas– nos presenta una especie de parte de guerra: "La furiosa batalla no ha decrecido un punto. Sigue su curso con regularidad, me persigue y sigue siempre avanzando ... ¿Cuándo, al menos , se apartará de mí este clavo que me arranca el corazón y me perfora el cerebro, hasta llegar a persuadirme de que en todo este infierno yo no te ofendo? Dios mío, no , no quiero desesperar; no, no quiero hacer de menos a vuestra infinita piedad; pero siento en mí, a pesar de todos estos esfuerzos por confiar, vivo, claro, el negro cuadro de vuestro abandono y de vuestra repulsa". De todo lo que el P. Benito le había escrito el 15 de febrero de 1922 el confesor de San Giovanni Rotondo estaba más que con– vencido: "Gime por tantos que no gimen y no sienten la necesidad de temblar; sufre congoja por los verdugos del místico rebaño , que vilipendian los corderos y las ovejas, mofándose de su propia insolencia; expía... y estima tu martirio como uno de los más 165

RkJQdWJsaXNoZXIy NDA3MTIz