BCCCAP00000000000000000000448
4) La penetración de las conciencias Poseyó el don infuso del discernimiento de espíritus. Es decir, veía dentro, en aquellas profundidades del hombre a las que sólo llegan Dios y la propia conciencia. Era éste un poder terrible: penetrar en el santuario del alma humana, leer los pecados de los demás con el libro cerrado, o sea, antes que los pecadores comen– zasen a hablar. Escogemos, entre otros muchos, un episodio que tuvo lugar en el secreto de la confesión y dado a conocer por el mismo interesado. El doctor Ezio Saltamerenda de Lanciotto, incrédulo desde niño, ateo irreductible, que colocaba al hombre como al único artífice y juez de su propio destino, director del Instituto bioterá– pico de Génova, un día de marzo de 1949 se sintió impresionado al ver una fotografía del P. Pío, expuesta en el despacho del comendador Mario Cavaliere. Este industrial genovés le habló largo y tendido del fraile de las llagas. Saltamerenda se sintió como empujado por una fuerza extraña a ir a San Giovanni Rotondo. Y allá se fue casi de incógnito. Vio al fraile que en otro tiempo se le había grabado en la mente. En repetidos encuentros oyó su voz serena, que remachaba dura, obstinadamente: Pero, ¿tú no piensas en tu pobre alma? ¿No ves que tu alma camina a la ruina?... Genovés, tienes la cara sucia, todavía no te has lavado nunca. Estás cerca del mar y no sabes lavarte. Con el alma intranquila e inquieta, por haber sido rechazado varias veces con dureza por el P. Pío, Saltamerenda no acertaba a dejar plantado a aquel fraile y abandonar la villa de la Pulla. Al volver repetidas veces al P. Pío, éste le dijo: -Baja, que te voy a confesar. Los dos, el fraile y el genovés, están frente a frente en el misterio del confesionario. Antes de que el genovés comenzase a hablar, el padre le va desgranando, uno tras otro, todos sus pecados, incluso los más remotos y aquéllos que había olvidado. Recibida la absolución, el genovés oyó que el fraile le llamaba "hijito" y que le aseguraba que aquello había sido para él "un consuelo muy grande". Volvió a Génova, no ya incrédulo, sino lleno de fe y decidido a convertirse en apóstol de la doctrina 155
Made with FlippingBook
RkJQdWJsaXNoZXIy NDA3MTIz