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principio de mi llegada a San Giovanni Rotondo, ese olor, al atardecer. Cuando salía de mi celda, contigua a la del P. Pío, sentía venir de ésta un olor agradable y fuerte, cuyas caracterís– ticas no sabría concretar. Una vez, la primera, después de haber sentido en la sacristía antigua un perfume muy fuerte y delicado, que provenía del asiento usado por el P. Pío para las confesiones de los hombres, al pasar delante de la celda del P. Pío sentí un fuerte olor de ácido fénico . Otras veces el perfume, suave y deli– cado, emanaba de sus manos". Contraviniendo toda ley natural, es la sangre de las llagas del P. Pío la que emite ese perfume. Los científicos saben que la sangre es, entre los tejidos orgánicos, el que más rápidamente se descompone. Además la sangre que gotea de un organismo vivo por alguna cortadura, no tiene un olor atrayente. A pesar de todo esto, el P. Pedro de Ischitella declara lo que él mismo constató: "La sangre que brota de aquellas llagas, que ningún remedio terapéutico, ningún hemostático logra cicatrizar, es limpidísima y perfumada". De este hecho tan extraño se ocuparon especialmente los mé– dicos. El doctor Festa da su opinión, como testigo: "Parece que ese perfume, más que de la persona del P. Pío en general, emana de la sangre que destilan sus llagas". La sangre, que gotea de las heridas que el P. Pío tiene en su cuerpo, posee un perfume fino y delicado, que muchos de los que se acercan a él pueden notar distintamente". Le llama "perfume agradable, como una mezcla de violeta y de rosas", perfume "sutil y delicado". También los pañitos, empapados de la sangre de las llagas, emiten perfume. La experiencia la hizo el doctor Festa, a pesar de tener bastante atrofiado el olfato. Es él quien habla: "En mi primera visita quité de su costado un pañito teñido de sangre, que llevé conmigo para examinarlo al microscopio. Y o, por la razón indicada, no advertí en él ninguna emanación especial. Pero un distinguido oficial y otras personas que al volver de San Giovanni Rotondo se encontraban en el automóvil junto a mí, aunque no sabían que yo llevaba encerrado en un estuche aquel pañito, y a pesar de la intensa ventilación por la velocidad del vehículo, sintieron perfectamente la fragancia, y me aseguraron que corres– pondía perfectamente al perfume que emana de la persona del P. Pío . Llegado a Roma, en días sucesivos y durante un largo período 150

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