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la impresión de un perfume. Se localizaba directamente en su persona, en las cosas tocadas por él, en los vestidos que usaba, en los sitios por los que pasaba. Lo inexplicable es que se percibía aquel perfume, aquel perfu– me tan suyo, incluso a distancia, sólo con pensar en él, al hablar de él. No todos lo sentían. No se notaba siempre, sino con inter– mitencias, como a oleadas. Lo advirtieron desde el día de la estigmatización hasta su muerte. Son muchísimos los que asegu– ran haberlo notado muchas veces después de su muerte. Nos limitamos al tiempo en que vivió. Además de los cientos de fieles que tienen experiencia personal de ello, recogemos algunos testi– monios fidedignos: Lucía Fiorentino en unos apuntes biográficos escribe, remon– tándose a 1919: "Un día sentí un perfume que me agradó mucho; miré en derredor por si había flores, pero ni encontré flores ni personas que pudieran perfumarse. Entonces, volviéndome al Se– ñor oí en mi interior estas palabras: Es el espíritu de tu director que nunca te abandona. Sé fiel a él y a Dios. Con esto me noté confortada en mis tristezas". El doctor Luis Romanelli, que había subido por primera vez a San Giovanni Rotondo, se dio cuenta de un cierto olor. Era en mayo de 1919. No vamos a decir que se escandalizó, pero sí que se extrañó. De hecho comentó con un fraile que tenía al lado, el P. Pablo de Valenzano, que no le parecía "muy conveniente que un fraile, y más teniéndole en tan buen concepto, usase perfumes". Romanelli asegura que durante otros dos días que permaneció en San Giovanni Rotando, no volvió a notar ningún olor, ni siquiera cuando estaba al lado del P. Pío. Antes de marchar, "justamente después del mediodía", al subir las escaleras, volvió a sentir el olor del primer día durante "sólo unos instantes". Este médico refiere que no sólo notó que "salía un determinado olor de su cuerpo", sino incluso que "lo saboreó". Romanelli rechaza una explicación a base de sugestión: nunca había oído hablar de ese perfume y además no lo notó con continuidad, como hubiera ocurrido de provenir de sugestión, sino de cuando en cuando. Para el doctor éste era un fenómeno que no sabía explicar". El P. Rosario de Aliminusa fue superior del convento de San Giovanni Rotando de septiembre de 1960 a enero de 1964, y por lo mismo superior del P. Pío. Escribe, pues, por experiencia di– recta: "Yo sentí diariamente durante casi tres meses seguidos, al 149

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