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quien las recibe, cuanto para utilidad espiritual de la Iglesia. Las distribuye a quien quiere y como quiere, pero siempre para bien del Cuerpo Místico. Para que la conversión del mundo a Dios apareciese más atractiva y constringente, para que el hombre enviado con este fin apareciese más visiblemente y se le identificase mejor, el que le envió le enriqueció con sus dones. Fueron extraordinarios y terribles al mismo tiempo. Al aparecer en el P. Pío, debían ser para él mismo credenciales que había de mostrar, y para los otros motivo de fe. Eran la patente de su misión salvadora. Una vez más, en la historia de la salvación, Dios recurrió a señales para ayudar a los hombres a creer. Ante la mirada de los hombres hubo pruebas patentes, a fin de que se rindiesen ante la evidencia. Los hombres deben saber captar e interpretar los signos. So– bre todo los signos más obvios, como los estigmas, los perfumes, la bilocación, la penetración de las conciencias. 1) Las llagas El P. Pío quedó marcado por las llagas, como Cristo resuci– tado, para mostrar el misterio de la muerte. y de la resurrección. La muerte para la renovación del mundo. "El P. Pío se vio llaga– do en el cuerpo... para mostrar la certeza de la resurrección final, la renovación del género humano, al que en cierto modo repre– sentaba, y también para enseñar las credenciales a la peculiar misión recibida de Dios para bien de sus hermanos". La razón de las llagas, "señales exteriores... de su crucifixión interior", la explicó el mismo P. Pío cuando le preguntaron si le causaban dolores. Contestó: -Sin duda. ¿Es que Jesús me las iba a dar para adorno? Le causaban agudos dolores y hacían que le molestase cual– quiér movimiento. Sangraban de continuo. "Me parece - escribe el científico Enrique .Medi- que no ha habido ningún santo en la vida de la Iglesia, en la historia de la Iglesia, al que Cristo haya pedido tanta sangre como al P. Pío ... Esta pasión continua y perenne: sangre, sangre y más sangre, para llevar a cabo una misión salvadorá: santificadora". 147

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