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63 Un cura feliz. Lo mejor que le pudo acontecer a San Juan Bautista María Vianney, es que le conozcamos, casi sin nombre, por el santo Cura de Ars. Hombre de buen humor, feliz, sencillo, identificado con el pueblo... No perdió nunca en su vida de sacerdote sus costumbres de pastor. "Feliz era yo cuando no tenía que apacentar más que mi asno y tres ovejas... ". Relata– ba en alta voz, cuando estaba en el campo. El cura de Ars, no era un hombre de muchas teologías. Ni de rara predicación... Pero al romper el día ya estaba en la iglesia tocando al "AnI?elus". Y orando. Visitaba las casas del pueblo, saludaba a los padres, acariciaba a los niños, sonreía, consolaba a los enfermos. Y mientras las gentes comían -a mediodía- él hablaba de Dios y de los santos. Terminó teniendo ante su confesionario cientos de personas a quienes les transmitía la humana felicidad a que·tenemos derecho: "Jamás, afirmaba, me he enfada– do con mis parroquianos. Jamás les he hecho el menor re– proche". El Cura de Ars es un ejemplo de cura feliz. Mi amigo y admirado, José Luis Martín Descalzo, es– cribió, en cierta ocasión, un pequeño artículo en el que decía que "se sentía feliz y satisfecho de ser sacerdote y que esperaba que esta alegría le durase". A raíz de este artículo cuenta que comenzaron a lloverle cartas felicitán– dole como si hubiera dicho "algo por lo visto sorpren- 193

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