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mental nuestra debería ser la actitud de agradecimiento ... Jesús era un hombre educadamente agradecido y cortés: "Yo te doy gracias, Padre, porque revelaste estas cosas a los pequeñuelos". La experiencia de la generosidad divi– na, es una fuente inagotable: es la vida, es la salud, es el trabajo, es el pan, es la salvación, es la familia... ". El hombre que más ha cantado e improvisado ala– banzas y gritado por ciudades y campos, gracias al Señor ha sido San Francisco de Asís. La gratitud era una de las virtudes que inculcaba a sus frailes juntamente con la paz. Escribe de él y de los suyos su biógrafo Celano: "En sus corazones, todo era mutua concordia, paz constante, acción de gracias y voces de alabanza". Lo bueno de la palabra GRACIAS es el fondo que tiene: Jesús es el gran don del Padre. Me llenó de alegría la sencilla frase de un niño, Car– los Delgado, que salvó la vida merced a un doble tras– plante de corazón y de hígado. Al salir del hospital dijo que quería marchar a su pueblo para estar con su familia, con sus amigos y porque quería visitar a los familiares de los niños que le donaron los órganos para que él pudiera vivir, "para darles las gracias... ". El agradecimiento es una virtud amable. No consiste más que en corresponder a un favor recibido, a veces, con una sola palabra. Con frecuencia nos olvidamos de dar gracias por el bien recibido. Creemos que todo nos es de– bido. Y no es así. Y omitimos devolver la gratitud. El Evangelio afea esta conducta. Diez leprosos curó Jesús. Y sólo uno volvió a darle gracias. El Señor acusó la omisión del detalle de la gratitud y preguntó: "¿No eran diez los curados? Sólo uno ha venido a dar gracias". He recogido de la prensa la carta de una madre agra– deciendo a cuantas personas contribuyeron a salvar a su 188
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