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-¿Cómo?, nos admirábamos. - "Sí. Lo veo por mis poros, por la piel. Lo siento. Lo vivo. Vosotros, tan distraídos, lo veis menos que yo ... ". Tanto tiempo conviví con él que los dos nos sabía– mos de memoria que la Biblia habla de tres clases de luz... -La luz física: Dios separó la luz de las tinieblas. Luz y sombra cantan la gloria de Dios. (Sal. 19,2), (148,3). La luz que emergió del caos original... -La luz del entendimiento, de la sabiduría. Reflejo de la luz eterna. Somos inteligentes como Dios. Admira– bles por el gran poder de atención y la tremenda capaci– dad de orientación y creación. -Dios-luz. Después de esta vida -dice San Juan- (I J .1,5) "será la luz que no se apaga", que es Dios. Jesús se presentó como la LUZ que viene a este mundo para ilu– minar a los hombres ... y quien le sigue no anda en tinie– blas". -Existe, además, otra clase de luz. La ley de Dios es luz, lámpara que guía. Y el hombre justo camina por el cumplimiento del amor hacia el gozo de un día luminoso. La ley de Dios alumbra a los pueblos, y quien se aparta de ella está en sombras. A Dios se le llama el "Padre de las luces" y "Amor" y quien no ama no está en la verdad, ni en el bien, huye de Dios que es la Luz Verdadera. Al con– trario, el que ama y obra la verdad, está en la luz... Se sentaba mi amigo ciego, en el campo y me recita– ba pausadamente: "Dios nos llama a su luz admirable". (IP. 2,9) ... "Al Reino de la luz". "A vivir como hijos de la luz". IJ. 5,5). "A no estar oscurecidos interiormente por el mal". (Mt. 6,22). "A revestirnos de las armas de la 182
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