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57 Hoy estaré alegre. Esta mañana me he levantado cantando; con uno de esos sonsonetes pegadizos que se cuelan entre alma y cuerpo y que no es fácil ahuyentar. Estoy seguro que a us– ted le ocurre lo mismo muchos días. Con un nuevo día por delante, debería ser la cosa más natural levantarse cantando. Dicen los sicólogos que si usted quiere despertarse alegre, radiante de espíritu y con un cuerpo que le pida canción, debe acostarse repitiéndose, una y otra vez, la noche anterior: "mañana estaré alegre... mañana estaré alegre". El hombre no es sólo razón, cálculo, "hamo sapiens". Tampoco es sólo trabajo, fabricante, construc– tor, "hamo f aver". Ni sólo espíritu, adorador "hamo adorans". Es, y muy principalmente, fantasía, creativi– dad, fiesta, "hamo ludens". El ser que grita, que se exal– ta, que juega con la vida. El ser que los filósofos llaman "hombre lúdico". "Cantar", festejar, alegrarse, tener, como bellamen– te dice un salmo bíblico: "la boca llena de risas y la len-. gua de cantares", nace de una raíz muy profunda en la aventura humana. Los que creemos, sin discusión en el amor de Dios, hallamos en este amor la causa de todo op– timismo. Dios, fuente de todo bien, llena al cosmos y al hom– bre en sí mismo. Les da belleza, bondad y existencia. El 176

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