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mas del árbol se anuncia la primavera, así se anuncian -dice Jesús- los signos de la venida del reino". "Arboles de fruto bueno" y "árboles de fruto amar– go", son tomados en el Evangelio como ejemplo de los hombres buenos o malos: "por sus frutos los conoceréis... ". Este simbolismo del árbol está desarrolla– do en la Biblia en tres dimensiones: se le toma como ima– gen para hablar de la vida, del reino de Dios y de la Cruz. Todo el capítulo segundo y tercero del libro del Gé– nesis es un canto al árbol y a la vida en su más dramático sentido, relacionando al árbol con las antiguas culturas que lo hacían origen de la ciencia del bien y del mal: "El árbol de la vida -dice- comunica inmortalidad... En me– dio de/jardín está el árbol de la vida". (Gén. 2,9). Lasa– biduría es comparable también al árbol de la vida que da felicidad. En la sociología religiosa los reinos poderosos se ele– van y caen como los árboles soberbios ... Pero el Reino de Dios, nacido de humilde semilla, se convertirá en un ár– bol de amplia copa en el que vendrán a anidar todas las aves del cielo. (Mt. 13,31). A Jesús lo anunciaron los profetas como "rama que brota del tronco de Jesé". (Isaías, 11,1). Y Jesús murió clavado en un árbol, en un madero, por lo cual el árbol alcanza una nobleza espiritual que los escritos del Nuevo Testamento y la liturgia exaltan. El árbol de la cruz viene a ser así el leño que salva. La liturgia del Viernes Santo canta: "Oh Cruz entre todos los árboles el más noble. En ningún bosque germinó un árbol tan fuerte, tan frondoso, tan espléndido... ''. 167

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