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bilídad humana son insondables, y en dar frutos de mise– ria, asombrosamente fecundas. El P. Fidel ya había llegado a comprender casi perfec– tamente todo esto en sus pocos años de apostolado; por otra parte, se daba cuenta de que allí aún no existían mo– tivos para excesiva alarma y menos para abandonarse al pesimismo. Sin embargo, se sintió invadir por una atroz desilusión... ¿Habría estado trabajando completamente en balde? Trataba de disculpar a todos en su fuero interno, con auténtico impulso de caridad; quería ser de veras comprensivo para las flaquezas ajenas, y «erigir» su pro– pio espíritu con nuevo y esperanzado afán: ¿Cómo preten– do hacerlos perfectos a todos en unos meses? ¿Cuántos años de formación y de lucha necesitamos nosotros mis– mos? Y aun así y todo, ¿somos acaso impecables?, ¿no te– nemos también muchas miserias? Lo que debo hacer es sencillamente esto: ayudar del mejor modo posible a los descuidados y reavivar con optimismo el espíritu de todos. Tengo otro largo curso por delante: lo que no se consigue en un año se puede conseguir en dos... Pero no era capaz de reaccionar en el sentido deseado. Como pocas veces en su vida, sintió gravitar sobre su alma la negrura del desaliento. Se había entregado tan ardien– temente, tan entusiásticamente a su labor, que la parcial decepción de ahora tenía para él los efectos del más vio– lento choque espiritual. No era «el divino impaciente», pero sí buscaba demasiado impacientemente la transfor– mación de las almas que se le confiaban; sin advertirlo, propendía a llevar las cosas con exceso de velocidad, ca– si a «paso de carga». Y no era que dejase de entender teóricamente la tan necesaria lección del ,<festina lente», del buen «saber es– perar». A propósito de ello había tomado nota, poco tiem– po antes, de unos versos que se leen en la famosa y clá– sica «EPISTOLA MORAL a Fabio»: 392 «No sazona la fruta en un momento aquella Inteligencia que mensura la duración de todo a su talento. Flor la vimos primero, hermosa y pura; materia acerba y desabrida; y perfecta después, dulce y madura... »
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