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262 FUENTES PARA LA HISTORIA COLONIAL DE VENEZUELA dad de Guayana, que, día de Jueves Santo de dicho año, temiendo set sorprendidos, los más desampararon el pueblo, dejando al Santísimo ma– nifiesto en la iglesia sin la debida guardia y custodia. Llegaron a nuestras misiones las noticias y, queriendo los indios desamparar los pueblos, tu– vimos mucho que hacer, por hallarnos solos, en detenerlos, sin que pu– diésemos estorbar el que de noche se huyesen al monte, dejando los mi– sioneros solos en las misiones. Llegó a esta provincia dicho caballero go– bernador Don Agustín de Arredondo y con prudentes y eficaces dili– gencias sosegó el tumulto y animó la gente, juró su asistencia en nom– bre de Su Majestad, dando asimismo providencia para que los caribes no faltasen a la paz prometida, en cuya fe se les permitía vivir en esta pro– vincia, y que debían reconocer por su dueño y señor a nuestro católico monarca, advirtiéndoles que, si perturbaban y rompían la paz con los es– pañoles y se confederaban con holandeses y extranjeros, perderían la gra– cia de Su Majestad y los mandaría rigurosamente castigar. Y, quedando todos en buen estado, se restituyó dicho caballero gobernador a la isla Trinidad. Y por el mes de enero del año pasado de 1728, con la noticia de haber entrado en esta provincia la contagiosa epidemia de la viruela, volvió dicho señor gobernador a ella, en que halló muy contristados sus moradores y que, para evadirse del contagio de las viruelas que estaban en la ciudad, intentaban retirarse al refugio y soledad de los montes, lo que impidió el referido gobernador, dando con caritativo celo las pro– videncias necesarias para que no se infeccionase más la ciudad, cuidando de la asistencia de los infectos que hizo curar en sus degredos (sic); y como se hallasen asimismo infeccionados los indios de nuestras misiones, se nos huyeron todos al monte menos los imposibles, sin que los misio– neros lo pudiesen impedir. Y con la venida del susodicho gobernador pu– dimos conseguir el que se ranchasen donde los pudimos asistir, curándo– los y catequizando los infieles moribundos para conferirles el santo sa– cramento del bautismo, como también darles sepultura eclesiástica como la dimos a 123 que murieron de viruelas. Y, por haber cundido dicha epidemia hasta entre los indios de tierra dentro, se resolvió dicho señor gobernador Don Agustín de Arredondo, de pasar allá con el M.R.P. Pre– fecto Fray Benito de Moya, a fin de dar providencia a aquellos misera– bles indios, llevando prevención de remedios para curarlos. Y con dicha entrada se logró el remediar a muchos y el haber bautizado el dicho R. P. Prefecto, entre párvulos y adultos moribundos de viruela, 123 indios. Quince días se gastaron en esta expedición tan del servicio de entram-

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