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MISION DE LOS CAPUCHINOS EN GUAYANA 257 Pasé también a los pueblos de Nuestra Señora de Monserrate y Sa– bana Grande, que es otra doctrina de indios naparimas y pertenece al real patronato y está al cargo de clérigo seglar. Visité sus iglesias, orna– mentos y alhajas, poniéndose todo por inventario. Estos se componen: el de Monserrate de 354 almas, confirmé 165; y Sabana Grande, de 458, confirmé doscientos . . . Concluídas estas doctrinas, pasé a la ciudad de Santo Tomé de la Guayana, a costa de grandes trabajos y fatigas, de los que libré por la divina piedad. Llegué a ella y abrí la visita; visité su iglesia, ornamen– tos, hice leer el edicto de pecados públicos, con gran consuelo de toda aquella vecindad por haber sido el primer obispo que habían visto. Re– formé todo lo que encontré digno de reformación y libré los mandatos que me parecieron convenientes para el gobierno de las iglesias, ense– ñanza de la doctrina cristiana y administración de los santos sacramen– tos, de todo lo cual y el estado de dicha ciudad participo a V.M. en dis– tinta consulta. Administré el santo sacramento de la Confirmación a 172 almas y toda la feligresía se compone de 274. Perfeccionada que fue la visita, pasé a las misiones de los Padres Capuchinos, en donde en Suay confirmé 103 personas, el cual se com– pone de 221 almas; en Amaruca, 38, y tiene 77 almas; en Caroní, 75, y tiene 331 almas. Del estado de estas misiones y lo que se necesita para su adelantamiento y conversión de tantos indios como incluye aquella provincia, doy cuenta a V.M. en consulta separada. Exhorté a dichos mi– sionarios en la perseverancia de sus apostólicas tareas y me despedí para esta dicha ciudad, embarcándome en el río del Orinoco, a donde atravesé no sin menores fatigas y peligros que los experimentados en la ida. En donde, habiendo llegado, me empleé en diferentes providencias de go– bierno y en resultas de visita; providencié los mandatos que me parecie– ron proporcionados al buen gobierno de nuestras iglesias, paz y reforma– ción de costumbres de nuestras ovejas que fueron aceptados y bendecidos por todos. Cerré la visita amonestando a todos viviesen en gracia y ca– ridad, obediencia a la santa silla apostólica y sujeción a V.M., previnién– doles que, si para su conservación y alivio necesitasen de alguna cosa, me la expusiesen sin embargo de la distancia, que experimentarían mi paternal beneficencia. De todo lo cual remito a V.M. los testimonios co– rrespondientes y me despedí para el Puerto de España a la visita de aque– lla feligresía y restituirme a la provincia de Cumaná a concluir mi pastoral tarea, que deseo perfeccionar en cumplimiento de mi obligación, bien y consuelo espiritual a todas mis ovejas y servicio de V.M., cuyos efectos

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