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MISION DE LOS CAPUCHINOS EN GUAYANA 221 sucedido, de hacer retirar a regulares o seculares de los pueblos, que con su maña y aplicación habían reducido, por mí tengo que ha de echar a perder las reducciones. Y por mí diré también lo que me pasa cuan– do me pongo a considerar que he perdido mi juventud en formar un pueblo de Monserrate en esta isla con los mayores primores que entre Capuchinos e indios es dable. Lo uno por la enseñanza de los indios que, viniendo el Padre cura, que hoy es de la Trinidad, y oyendo leer los muchachos, dijo que mejor leían que su merced. Lo otro por lo bien que sabían el catecismo, así en su propio idioma como también en el nues– tro, aun los muchachos de seis y siete años, que hacían vergüenza a los españoles. Lo otro en cantar las misas, letanías, responsos, himnos y lo demás del rezo, y tocar instrumentos en la iglesia, y lo otro, como más principal, el cómo habían de recibir los santos sacramentos. Y también para toda política estaban tan impuestos, que, viniendo el gobernador de visita y estando de asistente en dicho pueblo de Monserrate, le dije– ron los principales señores de su comitiva: "Señor, mejor está esto de por acá, que la ciudad donde habitamos". Ahora, pues, Ilmo. Sr., ¿cuál debe de estar mi ánimo, que lo sudé y trabajé, -Dios me haga la gracia que lo hiciese por su puro amor-, y ahora lo veo cuasi del todo perdido, en tal forma que el corregidor que actualmente cuida estos cuatro pueblos, me dijo que, de presente, en di– cho pueblo de Monserrate, el Padre que asiste en él, no se atreve a casar el muchacho más pequeño que yo dejé cuando me fui para España el año 1714, porque es el único que sabe el catecismo, y, de faltar éste, no hay quien lo sepa para sí ni para enseñarlo a los demás, y con no ha– berse enseñado otro en seis años, dice lo que serán los demás. Y me con– sidero harto molestado a V.S. Ilma. con lo hasta aquí dicho, y por esto voy a concluir, con las esperanzas que Dios será servido de darme el consuelo de poderlo comunicar a V.S. Ilma., y con esto tendré lugar pa– ra emplearme más a mi satisfacción. Pero me es preciso antes explicar a V.S. Ilma. una merced y es que sea servido declararme con confianza su ánimo, porque, si es de sentir que conviene el que nos restituyamos al cuidado de estos cuatro pueblos, será preciso sea servido de pedir a lo menos seis religiosos sacerdotes de mi provincia de Cataluña, y que sean de las partidas que se necesitan para este empleo, porque no todos son convenientes; porque los dos, no más, que de presente nos halla– mos con los dos pueblos que cuidamos, tenemos harto que cumplir, y el otro que está solo en Guayana, no es dable mantenerse en esta for– ma. Con los seis más sacerdotes, los cuales por cartas me consta que

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