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-180- idioma, cosas, que aunque no las consiga del todo, tam– poco son absolutamente necesarias para el misionero. 2. 0 El programa ideal en cuestión de lenguas. Esto último lo decimos, como se comprenderá, para la generalidad de los misioneros, pero no es ese el pro– grama ideal en cuestión de lengua y literatura misio– nales, sino el que hemos dicho antes. Por eso los misio– neros, que han recibido gracia especial del Señor de– ben profundizar cuanto puedan la una y la otra. Es ne– cesario que el verdadero y completo apóstol pueda re– petir con San Pablo: «Sapientibus et insipientibus debitar sum,» y si el común de los misioneros han de dedicar toda su actividad a !a evangelización del bajo pueblo, los capacitados para estudios más profundos y serios deben imponerse a las clases altas y eruditas y trabajar por ganarlas a ellas también para Jesucristo. 3. 0 Direcciones Pontificias.-He aquí lo que dice al respecto la memorable Encíclica del Papa Bene– dicto XV, tantas veces citada y que no es, por lo de– más, sino el eco de las Direcciones Pontificias ya da– das mucho tiempo antes a los Superiores de las misio– nes. «Antes que el misionero empiece su apostolado de– be prepararse con diligencia... porque si bien no hay duda que, tratándose de la conversión y salvación de las almas, más vale la virtud que la ciencia, no obstan-
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