BCCCAP00000000000000000000185

-179- muy enojoso, pero si lo haces con constancia, llegará un día en que oirás con satisfacción que te dicen los in– dígenas: «Vd. Padre, habla como uno de nosotros: se diría que ha nacido aquí. J> Entonces gozarás y te ale– grarás de los sacrificios que hiciste, porque aquellas pa– labras serán para tí, como si te entregasen el diploma de ciudadano honorario, o de hijo adoptivo. El estudio de las lenguas es fatigoso a los comien– zos, y uno lo hacefcasi siempre forzado por la obligación y la necesiad; pero poco a poco se le va cobrando gus– to a medida que se van conociendo nuevas bellezas y nos hace sentir nuevas satisfacciones y podemos, me– diante ellas, descubrir el origen del pueblo en que nos encontramos, conocer su historia, asistir al desenvolvi– miento de sus creencias, distinguir con más facilidad entre la verdad y el mito, y de este modo el material filológico que vamos adquiriendo nos ayuda a deshacer prejuicios, a ponemos más en contacto con el pueblo y hacemos accesibles y simpáticos aún a la clase culta, si la hay. Así es como pudo implantarse el cristianismo en China durante el siglo XVI. En una palabra, la lengua que al principio te pare– cía bárbara, te encantará poco a poco con su armonía y su grada a medida que vayas aprendiendo a pensar, a hablar, a rezar en ella. Tu antigua lengua se irá mar– chitando como árbol al que falta la savia y a su lado verás brotar pujante y vigoroso el nuevo retoño. Ordi– nariamente antes de un año el joven misionero está lo bastante aclimatado con la lengua para empezar a fi– jarse en la perfección del lenguaje y elegancia del esti– lo y adquirir con ello el conocimiento profundo del

RkJQdWJsaXNoZXIy NDA3MTIz