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·--175 - be ser para el misionero un deleite espiritual grandísi– mo; mientras que mostrarse indiferente y desinteresar– se de estas cosas, significaría en el mejor de los casos, que no sabemos apreciar las glorias de nuestra familia. Y con ellos, honra y recomienda tu apostolado a las al– mas, que subieron al cielo desde el lugar donde tú te en– cuentras, sobre todo a los niños faliecidos poco después de recibir el bautismo de las manos del misionero. Todo esto parecerá a algunos «espíritus fuertes» que también existen entre los eclesiásticos, cosas bala– díes, superfluas, verdaderas niñerías, pero recuerden es– tos tales, que el gran San Francisco Xavier ponía a ser– vicio de su ministerio, los méritos aún de personas que todavía vivían y cuyos nombres llevaba consigo, cual si fueran sagrados amuletos. Recuerden los que estas cosas desprecian, que a ellos podrían muy bien aplicar– se aquellas palabras: «Qui mínimas est in regno coe– lorum, major est illis.»

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