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-172- Alacoque en favor de sus devotos. He aquí la que inte– resa directamente al misionero. »Los sacerdotes, que honren a mi Corazón, tendrán la gracia de ablandar los corazones de los pecadores, aunque fueren tan duros como el hierro o la piedra.» Una tal promesa, mi que– rido hermano, no puede menos de excitar tu celo y ha– certe trabajar en promover cuanto antes el culto del Sagrado Corazón, mediante todos los medios recono– cidos y aprobados por la Iglesia, a saber, la consagra– ción de las familias, la entronización en los hogares, la hora mensual de adoración, la comunión de los nueve primeros viernes de mes, y aún, si es posible, la comu– .nión cuotidiana. Inscríbete, si todavía no lo estás, a la «Pía Unión de Sacerdotes Adoradores» cumpliendo con fidelidad las pequeñas obligaciones, que impone; practica con gran -fervor la Hora Santa; abónate a al– guna revista del Sagrado Corazón y por su amor, hon– ra con culto especial a los Santos, que fueron más de– votos suyos y más propagaron su devoción; reparte en– tre las casas y chozas de tus cristianos, estampas, cua– dros, imágenes del Corazón de Jesús y ponla tú mismo en el sitio más digno y visible de tu casita, después de habérsela consagrado. Estáte convencido, oh hermano, que si tienes contigo al Sagrado Corazón, harás gran– des cosas en la Iglesia de Dios. 3. 0 La devocíón del misionero hacia la SSma. Virgen y San]osé.- Ten además un afecto tierno y una piedad delicada hacia la Santísima Virgen, honrándola,
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