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-168- La oración es el único terreno donde el demonio no podrá nunca vencerte, ni siquiera resistirte, porque con ella has colocado tus baterías en un un pedazo de ese cielo, del que él fué arrojado para siempre. 3. 0 Dónde se ha de buscar la paz y la confi– anza.-Junto con la oración el misionero debe acos– tumbrarse a pedir todos los días la paz del corazón y aquella santa confianza en sí mismo, que nace de la visión clara de su propia misión sobrenatural y que tan necesaria le es para no dejarse abatir por las contrarie– dades y dificultades de su ministerio, asi como también para saber soportar con alegría o al menos con resig– nación, los pequeños pero continuos contratiempos de la vida cuotidiana. Cuando el cansancio o el hastío se apodera del al– ma de un misionero, se hace incapaz para trabajar co– mo un apóstol y esto sucede infaliblemente tarde o tem– prano a todo el que no tiene un gran espíritu de ora– ción. Es inútil que nos hagamos ilusiones. Si un pasa– porte está visado por el consulado francés, inglés, ita– liano, español, alemán o por cualquiera otro de los re– presentantes oficiales de las naciones europeas o ame– ricanas, podrá valernos contra peligros hipotéticos y aún a veces nos librará de enojosas complicaciones; pero no tendrá nunca poder para librar al misionero de los disgustos y rozamientos diarios que se producen con las irentes de casa y de fuera; contra las pruebas y ten– taciones de alma y cuerpo a que todos estamos sujetos; contra la pérdida de muchas esperanzas e ilusiones que

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