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-166- para fundarte más en la humildad, permite que te equi– voques, esa equivocación no será culpa tuya y flotarás tranquilo en medio de la tempestad y de las olas, espe– ran do con resignación a que el Señor las calme. De to– dos modos nadie podrá decir de ti: «He ahí un hombre, que no puso en Dios su confianza.» 2. 0 Dios se reserva para sí el santuario del alma.-Quisiera también, oh joven apóstol, que recor– dases con frecuencia, que nada hay más dificil en el mundo como la conversión de las almas. El mismo Dios que no encontró dificultad alguna en la creación del hom– bre, la encuentra y;grandisima en su reabilitación. Existen a veces entre nosotros y las almas simpa– tías misteriosas, pero con mucha más frecuencia hay abismos que no pueden llenarse con todos los medios humanos. Jesús ha dicho: <,Sin mí, nada podeis hacer.)) Lo cual, tratándose de la conversión, quiere decir, que Dios se ha reservado para sí el santuario de las almas y que su llave no la ha de entregar sino al que la pida con la oración. Si queremos, pues, que el mundo paga– no desaparezca y que el demonio, su tirano, huya ante unos hombres inermes, como son los~misioneros, el úni– co medio para consaguirlo, es emplear las armas sobre– naturales de la oración. Y no basta celebrar todos:los días la santa misa, hacer un poco !de meditación, rezar el :oficio divino, leer de vez en cuando algún libro espiritual, tener en la capilla a Jesús sacramentado y hacer otras devociones

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