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-164- uso particular, lo pedirá siempre con miras a las almas, es decir, para acrecentar su prestigio, su influencia mo– ral o para poder trabajar con más intensidad.. Ningún verdadero apóstol se ha enriquecido materialmente en misiones y el día de las cuentas no le será dificil demos– trar que todos sus tesoros los ha puesto, como San Lo– renzo, en el cielo. Los miles de almas redimidas de la exclavitud del demonio, creo podrán servirle de testigos. CAPITULO XIX El Misionero y ta oración. 1. º-El mejor gufa del misionero.-2. 0 Dios se re– serva para si el santuario del alma.-3. ª Dón– de se ha de buscar la paz y la confianza. 1. º-El mejor guía del misionero.-Hemos de– lineado ya la sublime figura del misionero católico. Por egoismo é interés propio has de procurar, oh joven mi– sionero, que esa figura resplandezca en tí mismo y lo conseguirás seguramente si sabes ser hombre de ora– ción, pues así como al calor de la oración y la piedad sentiste el llamamiento que Dios te hacía, así en ellas también encontrarás la fuerza que necesitas para seguir sin decaimiento hasta la muerte tu carrera apostólica. Sólo quien sea hombre de piedad y de oración puede esperar que sus credenciales de misionero sean bien re-

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