BCCCAP00000000000000000000185
-160- tra los fuertes, a los extranjeros contra la prevención de los indígenas y a estos contra la explotación de aquellos; juez y pacificador, trata de reconciliar a los enemigos impidiendo muchas veces el derramamiento de sangre; carpintero, zapatero, albañil, labrador, ar– quitecto, ingeniero, se ye obligado a levantar casas, iglesias, escuelas, pueblos, y traza caminos, deseca pan– tanos, tala los bosques donde se refugian los agentes de la fiebre malaria, repoblándolos de árboles útiles y sanos; siembra y siega, convierte las selvas, guarida de fieras, en campos de cultivo y hace retroceder los desiertos convirtiéndolos en jardines. De este modo el misionero hace de todo, sirve para todo, sabe pasar sin dificultad del altar al púlpito, del baptisterio al con– fesonario, de la cuna de un reden-nacido al lecho de un moribundo, de la iglesia a la escuela, del taller al asilo, del campo al laboratorio. Nada le acobarda, y de sus manos, de su corazón, de sus ojos, de sus labios, de su fe inconmovible brotan a raudales la luz, la bon– dad, la civilización, la religión, sin que a nada de ello le mueva la menor idea de interes material. Por eso no exige ni oro, ni perlas, ni marfil, ni pieles;. todo lo que él da, lo da gratuitamente, generosamente. (P.Janvier citado por el P. Manna.) Cuando el misionero va entrando en edad y ve que disminuyen sus fuerzas, trabaja con la pluma, escribe libros útiles y artículos interesantes llenos del fruto de su larga experiencia; planta en su huerto árboles, yerbas y hortalizas; cultiva las flores que han de ador– nar el altar de su capilla; desempeña u veces misiones diplomáticas, sin que por eso descuide la cocina, la des-
Made with FlippingBook
RkJQdWJsaXNoZXIy NDA3MTIz