BCCCAP00000000000000000000185

-159- debe realizar en su vida. Ese programa fué escrito hace ya cerca de dos mil años, y aún en nuestros días per– manece substancialmente el mismo, pudiéndose resumir en estas sencillas palabras: «Reconquistar el mundo pa– ra Dios, arrojando de él al usurpador. Además, el plan de esta guerra sin cuartel es uno solo, aunque los me– dios para realizarlo sean muchos y distintos. Apesar de ser la tierra tan grande el misionero la recorre toda entera, atraviesa sus bosques inmensos y sus desiertos arenosos; sube a los montes más altos y desciende a los valles más profundos; surca impávido las aguas de sus mares, de sus ríos, de sus lagos; se adapta a todos sus climas, sean benignos o insalubles; en una palabra, la huella del misionero se encuentra por todas partes. Naturalmwte que no siendo las mismas las <;:ostumbres de los que viven en las nevadas cumbres del Thibet y de los que moran en las ardientes llanuras de la Arabia, tampoco es el mismo el trabajo que realizan los misio– neros que van a la Australia o a la América del Sur, que los que son enviados a la China o a la América del Norte. El misionero es por lo tanto el homble universal. «Maestro de lectura, de esctitura, de aritmética, procu– ra iluminar los cerebros obscurecidos de los indígenas; catequista, repite y enseña a los mozos, a los niños, a los ancianos las ideas religiosas y los artículos funda– mentales de la fe; corno sacerdote, predica, bautiza, casa, absuelve y sacrifica; médico, farmacéutico, enfer– mero, tiene que visitar y asistir a los enfermos, prepara remedios y los aplica, construye féretros y entierra a los muertos; como abogado, defiende a los débiles con-

RkJQdWJsaXNoZXIy NDA3MTIz