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-158- perturbador y sedicioso; aquí recibido en triunfo, allí despreciado como un perro, si es que no le cierran las puertas y le invitan a alejarse, corno lo hicieron con Je– sucristo. El misionero, corno jesucristo, arna y bendice a los niños, arroja el demonio de los templos paganos o cuando menos de las almas; consuela, exhorta, amena– za; y si !lO tiene el don de curaciones y milagros corno Jesús, al menos se interesa hasta donde puede, por la salud de los cuerpos, abriendo consultorios, hospitales, farmacias, etc. Algunas buenas familias repiten con él la hospita– lidad y cuidados que Marta y María tuvieron con Jesús, y como Jesús, se ve también el misionero obligado a di– simular entre los que le rodean a algún traidor y más de un corazón vil e interesado. En una palabra, el misionero católico es «otro Cristo» es decir:· una verdadera ima– gen de Jesús; y ahí esta precisamente toda su fuetza y todo su prestigio. El pueblo le ve pasar ante sus ojos, como vió pasar a Jesucristo, humilde, modesto, desin– teresado, sin ambiciones, olvidado de sus propias como– didades, entregado completamente a hacer bien a los otros y lo admira, lo escucha, lo venera y llega por fin, ante la luz que derraman sus palabras, a quemar y des– pedazar los ídolos. Y los discípulos y secuaces del mi– sionero crecen de día en día en número, como crecían los seguidores de Jesús en las ciudades, pueblos y cam– pos de Palestina. 2. 0 El programa máximo del misionero.-El misionero tiene un programa único y bien concreto que
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