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-154- cesivo rigor a los que no pensaban en todo como no– sotros. Era el orgullo inconsciente de nuestra ignoran– cia. Pues bien, todo eso va desapareciendo, al mismo tiempo que experimentamos los más grandes consuelos espirituales. Los sacrificios que hasta ahora has hecho porJesús te han ganado su Corazón, y a pesar de la soledad en que te encuentras sentirás una paz y una alegría tan profundas que te harán más tranquilo el reposo y más gustosas tus ordinarias ocupaciones. Si el aislamiento te entristece, pronto te consolará la presencia de Dios; si te ves privado de poder hablar con los hombres, por– que todavía no conoces su lengua, podrás hablar con El, con tu Angel custodio, con las personas queridas, que si bien están s<"paradas de nosotros por la distan– cia, las llevamos muy cerca en nuestro corazón. Y cuando llega después la noche, y la conciencia te dice que has cumplido con tu deber y que has hecho alguna obra buena, como por ejemplo, haber ganado algún al– ma para el Cristianismo, haber abierto el cielo con el bautismo a alguna criatura que sin tí hubiera perecido para siempre, haber reconciliado algún pecador con Dios, o llevado a un enfermo el consuelo de la Religión o haber devuelto la paz a algún hogar, y te sientes lla– mar con el dulce norribre de «Padre» por personas, que no conocías, y gozas del cariño de tus cristianos y de la estima de los que todavía no lo son... he ahí tus gran– des alegrías, oh nuevo misionero, sin contar las que proporciona la gracia y que cada uno puede procurár– selas a sí mismo, con el fervor, con la pureza de con-

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