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-144- :salir hacia la porción de viña que los superiores le asi– gnen, donde, a ser posible, tendrá que hacer su apren– dizaje bajo la dirección de un antiguo misionero. (1) Pero cualquiera que sea tu nueva reside_ncia ¡oh, joven misionero! sea una choza de paja y barro, o una casita bien hecha; sea el campo o la ciudad; sea en la llanura o en terreno montañoso; sea que vayas a vivir entre neófitos o entre viejos cristianos, en todas partes te espera un noviciado duro y difícil, ya que se trata, empleando la hermosa frase de San Pablo, de despojar– te del hombre viejo y vestir el nuevo. Nuevos modos de ver las cosas, nuevo modo de pensar y de vivir, nueva lengua, nuevas costumbres, nuevo todo. Manda– rás y no serás obedecido. Querrás hacer una cosa y no te ayudarán. Te verás muchas veces solo con tu memo– ria y tu corazón, aquella volando siempre hacia cosas y personas inolvidables y ya lejanas, este, hecho un vol– cán de deseos, de buenos propósitos, de juveniles en– tusiasmos. Todo lo que se te ponga delante te parece– rá poco para tu celo, y te enojarás contigo mismo por– que el no avanzar tan de prisa, como quisieras, en el conocimiento de la nueva lengua te impide abrasar– lo todo con el fuego que llevas en el corazón. Serás co– mo una máquina llena de vapor a alta tensión y a la que (1) Las nuevas direcciones de la educación misional aconse– jan a los Superiores de las misiones el retardar, a lo menos por un año, el envío de los nuevos misioneros al lugar definitivo don– de han de ejercer su apostolado. En algunos Vicariatos se prac– tica ya desde hace mueho tiempo este sistema, que parece muy racional. De todos modos, el noviciado apostólico es inevitable, y por lo tanto los consejos que damos valen para todos los tiempos y lugares. -
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