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-143- aque1 momento tenía el mundo entero_ bajo mis pies; mi reino y mi tierra prometida ante los ojos. La sonrisa del conquistador asomó a mis labios y exclamé todo conmovido:-¡«Amigos, esa región será el campo de mis trabajos y esos montes serán mi tumba. He venido a salvar aunque no sea más que una sola alma y morir! ... ¡Oremos!. .. Nos pusimos todos de rodillas como los Cruzados a la vista de Jerusalén. Mis compañeros en– tonaron, derramando lágrimas, algunas plegarias y yo entretanto ofrecía a Jesús y María las fatigas y sufrimien– tos que Dios me tenía preparados en aquellas tierras. Terminada nuestra oración, hice con dos ramas uns. cruz y 1a clavé a la sombra de un enebro. ¡Que esta cruz sa– l?fada-dije-se levante muy pronto estrechando entre sus brazos al viejo paganismo conquistado para la fe.» (Un cavaliere aposfolo.) 2. 0 Noviciado misional.-Si ahora le dijéramos al nuevo misionero lo que allí le espera dentro de poco, de seguro que no nos había de creer. Por el momento todo es para él un idilio de santa poesía y dé apostólico entusiasmo. ¿Cómo ha de querer ayunar ahora que el esposo está con él? Sin embargo, la alegría y el descanso que en la casa episcopal o en la cómoda Procura se le han ofrecido; no tienen otro fin que hacerle olvidar las fati– gas e incomodidades del viaje, y muy pronto tendrá que

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