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-140- la Iglesia y permanece el mayor tiempo posible recogi– do en el cuarto que te hayan señalado, rezando tu bre– viario o leyendo algún Jibro. Nada hay más feo y des– preciable en un joven misionero que correr, todo el día ocioso, por la casa y fuera de ella, metiéndose y ha– blando con todos en la cocina, en los cuartos, en la sa– la, de cosas insubstanciales. 4. 0 En tierras de misión todos somos herma– nos .-Guárdate también mucho de ofender de cual– quier modo que sea, los sentimientos de nacionalidad y de raza. El que abandona por Dios la propia patria, de– be suprimir todas las fronteras que separan a los hom– bres, ya que en tierras de misión todos debemos sentir– nos hermanos. No hay nadie que no conserve dentro de de sí mismo una especie de veneración y de culto ha– cia la tierra donde viven los propios padres, y donde se ha nacido y sido educado; culto y veneración, que se llama amor patrio; amor muy hondo y muy celoso, que todos, repito, lo tienen, y que por lo tanto debemos respetarlo en los demás, como queremos que los otros respeten el nuestro. Ni digas para justificar tus impru– dencias: «Yo soy así... A mi me gusta hablar claro. No, quiero ser hipócrita... » Esto no es ninguna razón. Esto. demuestra tu inmortificación; y si tú, sacerdote, religio– so, por no saber mortificar tu lengua, tu carácter, te crees con derecho a ofender a los demás, no te extra– ñes si, cuando menos piensas, encuentras alguno que te

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