BCCCAP00000000000000000000185

-139- y que el misionero católico encuentra en todas partes un rostro amigo y una tienda hospitalaria donde poder descansar unos días, también es cierto que la caridad fraterna que nos enseña a hacer,el bien a los demás, nos dice así mismo que no abusemos de ella demasiado. Por esto, si la necesidad, la conveniencia o el simple capricho te obligan a implorar la hospitalidad de otros, usa de ella lo menos posible y con toda clase de pre– cauciones y delicadezas. Acuérdate que para los que te reciben en su casa eres un peso y una carga, y que no es prudente hacer llevar las cargas por mucho tiempo. Y aunque el que te hospeda tuviera por algún motivo obligación de hacerlo, no por eso te creas dispensado de mostrar tu gratitud y manifestarla al exterior con al– gún obsequio de tu parte. No te lamentes si alguna vez te sucede recibir una acogida fría y tal vez sospecho– sa; cada uno tiene sus ocupaciones y estas pueden apre– miar precisamente en el mismo momento en que tu llegada va robarles tiempo. Todos tenemos nuestro cuarto de hora de mal humor, a pesar de nuestra volun- . tad y entonces como la sensitiva, protestamos contra la misma mano, que nos acaricia. Así, pues, evitarás muchos disgustos, si te sabes mostrar siempre sonriente y satisfecho, rehusando to– do ofrecimiento de comodidades y servicios no necesa– rios. Oculta también con cuidado los títulos, que pudie– ran darte derecho a un tratamiento especial, y sobre to– do ten mucho cuidado en no hacerte pesado perturban– do con tus salidas y entradas intempestivas el orden y el horario de la casa. Habla poco y en voz baja; no per– mitas que te saquen los secretos que llevas; frecuenta

RkJQdWJsaXNoZXIy NDA3MTIz