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-137- «in cubículum tuum et clauso ostio ora Patrem tu– um in abscondito.» ¡Camarote, mucho camarote! Lo demás es teatr~– lidad espectacular que debe evitarse a toda costa. En una travesía larga y enojosa, que dura muchas semanas, toda innovación y toda novedad, aunque no dure más de media hora, es algo que molesta y hay que confesar· que la misa en público es una novedad para la mayor parte del pasaje. Los pocos, para los cuales tal vez, la misa es un acto solemne del culto, no te han de agra– decer semejante exhibición, y mientras en el camarote hubieran ellos doblado su rodilla con devoción y hubie– ran adorado a Jesús, que se digna bajar a los suyos aún en medio de la imponente soledad del Océano, en público imitarán por respeto humano la indiferencia ge– neral, si es que no se suman al coro de los que sonrien con desprecio y hasta se burlan. Puede suceder, sin embargo, que esto que te digo tenga alguna excepción y que alguna vez la misa en público la desee la mayoría del pasaje. Cuando esto su– ceda y si te dan todas las garantias necesarias de reve– rencia y respeto debidos a tan santo sacrificio, haz lo que mejor te parezca. En cuanto a mí, te aseguro, que ni aún en este caso no condescendería más all( de los días festivos o de alguna otra circunstancia extraordi– naria. Además, si en el camarote que fümes señalado no vas solo y al compañero o compañeros de viaje no les gusta asistir a tus misas y rezos, sea tu norma la pru– dente caridad y sacrifica a ella la piedad y devoción ex• terior. Si tienes verdadero espíritu de oración no test-

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