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-136- parco en el comer y mucho más en el beber, tanto más cuanto en la misma mesa habrá personas que por la ne– cesidad o por costumbre son abstemias; debe ser edu– cado, indulgente y no andariego, ni malhumorado ante muchas cosas que hay que ver, oir y callar, cuando se viaja durante muchos días con otros que no han recibi– do ni la misma educación, ni tienen las mismas ideas y costumbres que nosotros. Además, no hacer imprudentes e inútiles ostenta– ciones de culto público es prueba de una virtud bien ci– mentada, mientras a los espíritus superficiales, que no pasan de diletantes y aficionados de la piedad les gusta hacer mucho ruido con ella, aún allí donde no se puede o no conviene hacerlo. Estos tales quisieran tener en todos los barcos un lugar exclusivamente dedicado pa– ra decir ellos la misa y hacer sus devociones, y si los dejaran, convertirían en teatro de su celo indiscreto la cubi@rta, los salones, el comedor y, siempre atolondra– dos, no se dan cuenta de lo pesados y ridículos que se hacen a los viajeros; ni de las burlas y sonrisas despre– ciativas, que provocan con su imprudente celo; ni del desprecio que atraen hacia la santa religión que repre– sentan; y hasta tendrán la candidez de creer que han convertido a todos, viajeros y tripulantes, anotándolo con mucha satisfacción en su cuad.emo de apuntes. A más de uno de estos misioneros, intemperantes y sin experiencia de la vida, han tenido que llamar al orden los capitanes de barco, obligados por las quejas de los pasajeros. Tú, hermano mío, no dés jamás esos espectáculos y éuando quieras orar, entra con Jesús
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