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-130- hiera dado motivo a las murmuraciones y comentarios poco favorables para él de las personas a quienes im– portunó, ni a las quejas de sus propios Superiores de la Misión, que se vieron obligados a pagar más de lo con– veniente, por el transporte de cosas completamente inútiles y caprichosas. Si yo tuviera que ir de nuevo a misiones no reusa– ría nada de lo que se me ofreciera espontáneamente, pero tampoco pediría nada a nadie. Está muy mal ese egoismo individualista y ese pedir y buscar cosas para su uso, pues hace suponer que ni los Superiores le han de suministrar lo necesario para el viaje, ni en la misión han de atender fraternalmente a sus necesidades. Sino ¿a qué vienen todos esos preparativos afanosos, como si fuera a aventurarse en una expedición difícil y peli– grosa a expensas propias? ¡Oh, los santos eran mucho mas sencillos en sus preparativos. «Juan III-dice el autor de la « Vida de San Francisco Xavier»-encargó a Don Antonio de Ataide, Conde de Castanheira, que se informara del Apóstol acerca de las cosas, que necesitaría para el viaje y en consecuencia se las procurase. Todo lo que el Conde pudo obtener de Francisco fué que aceptasen él y sus compañeros una sotana de lana burda para de– fenderse de los intensos fríos del Cabo de Buena Es– peranza, y algunos libros de devoción, que no era fácil encontrarlos en las Indias; No quiso aceptar provisio– nes de boca y mucho menos un esclavo, que para su servicio le ofrecía Don Antonio.» El mismo Santo, cuando marchó de Roma a Por– tugal para embarcarse, no llevaba consigo más que el

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