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CA PU CH INO S DE LA RESTAURACIÓN DE LA PROVINCIA Recuérdese aquella austerísima pobreza, que resplandecía en su hábi­ to, el más sencillo; en su porte, en sus viajes, usando la clase más económica, siendo siempre modelo de pobreza y sencillez evangélica. Recuérdese su modestia y compostura, que era verdaderamente edifi­ cante, así como su mortificación interior y exterior; su obediencia incondicional, estando siempre al lado de sus Superiores; su lealtad y fidelidad a ellos, su apoyo en todas las iniciativas, pidiéndoles hasta última hora que lo ocuparan en las tareas más arduas y difíciles, y sintiendo estar impedido sólo por no poder trabajar a su lado... Re­ cuérdese su mansedumbre, puesta a prueba durante largos años, su amor al trabajo y a la Orden; su recogimiento, no saliendo a la calle sin verdadera necesidad o para ejercer el ministerio; y, finalmente, las dos virtudes más amadas de los siervos de Dios: su pureza y modestia, y su humildad de corazón, que lo convertían en verdadero discípulo de N. RSan Francisco. Esta es la característica del RPedro de Castro: una virtud y santidad tan genuinamente franciscana, que los mismos seglares al verlo exclamaban: ‘Es un verdadero capuchino’. He ahí su mayor alabanza y el más alto elogio que puede hacerse del llorado Padre...”. “Envolvía a su figura un ambiente de virtud tan medieval, que junto a él nos sentíamos transportados al siglo XIII y conversando con uno de los discípulos de nuestro Seráfico Patriarca”. Fue un religioso de caridad exquisita, siempre estaba rodeado de pobres a los que atendía y se entregaba con verdadera caridad. Era de una profunda vida interior. Largos años fue maestro de novicios, siendo para ellos un verdadero padre, formándolos en el espíritu de la Or­ den, en la austeridad capuchina, en las devociones franciscanas. Bajo su dirección se formó una larga generación de capuchinos que lo veneraba como a su verdadero padre y maestro. Gozaba viendo a sus alumnos destacar y sobresalir en las letras, en las ciencias y progresar en la vida espiritual. Era austero, obediente, dispuesto siempre a todo lo que el ministerio tiene de más arduo y difícil. “Siendo maestro de novicios en Sevilla,

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