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innegable que estas misiones tuvieron su origen y su princi­ pal desarrollo en la provincia de Aragón, cuyos misioneros fueron los primeros en abrir camino a los demás, capitanea­ dos por el venerable Fr. Francisco de Pamplona. No es nuestro intento hacer en este lugar uno biografía de este célebre capuchino, por haber sido escrita y publicada su vida por varios autores, poniendo de manifiesto sus virtudes y su espíritu misional, y son estas cosas sobradamente cono­ cidas de los nuestros. Sin embargo, no podemos pasar en si­ lencio su memoria como Misionero, ya que él fué el inicia­ dor y fundador de las misiones capuchinas en América y el conductor de las expediciones de Misioneros españoles no íólo a América, sino también al Afrioa. Ya dijimos al hablar del espíritu misional de la provincia de Aragón, que ya el año 1621 el Papa Paulo V rogó al Ca­ pítulo General congregado en Roma, se dignase enviar una expedición de doce Misioneros Capuchinos, con preferencia españoles, al reino del Congo, sin que por entonces pudiera llevarse a feliz término el encargo Pontificio pe** causas en­ teramente ajenas a la Orden. No deja de ser sintomático quo hubiera sido nombrado Prefecto de esta expedición el sabio y célebre P. Luis de Zaragoza, llamado por otro nombre “El Caspense”, Provincial de Aragón, y más tarde, Definidor General. La empresa de realizar esta misión estaba reservada al ve­ nerable Fr. Francisco, quien el año 1643 fué nombrado po>* 'os Superiores generales misionero del Congo y recibió el en­ cargo de gestionar cerca del Rey de España los permisos ne­ cesarios V la embarcación para conducir la expedición de Misioneros. Esta estaba compuesta de cinco capuchinos ita­ lianos, cuatro españoles de las diversas provincias de España y tres de la provincia de Aragón, en total, doce misioneros, y h pesar de la actividad d-3 Fr. Francisco, no pudo partir para el Congo hasta el día 20 de enero de 1645, llegando al punto de su destino el 25 de mayo del mismo año. No llegó a un año el tiempo que nuestro misionero per­ maneció en el Congo,' pues como el P. Buenaventura de Ale- — 240 —

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