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CULTURA DEL PUEBLO MOTILON 65 macana: según su combinación y las diversas figuras geométricas -muy escasas por cierto- que se diseñen, distinguen los nativos a quienes pertenecen las fle– chas. Generalmente combinan hilo rojo con negro, con predominio de éste, que sirve de fondo, mientras el de color rojo, con diversos círculos, viene a quitar la monotonía. Otro fenómeno que ha llamado mucho la atención a los estudiosos es la carencia de danzas, bailes, pan– tomimas, etc., en la cultura barí, signo inequívoco de su primitivismo. Ni siquiera con motivo de las prin– cipales conmemoraciones anuales o de la vida suya, tan precaria por cierto, exteriorizan sus sentimientos o recuerdos con ritos vistosos o actos de especial sig– nificación. El único signo artístico bien definido que entre ellos se ha podido comprobar es el canto. Can– tan los motilones, en forma semitonada y monótona, cuando van de visita a los bohíos vecinos y al recibir huéspedes. En esas ocasiones todos unen sus lastime– ras voces para narrar sus proezas, para ensalzar su grupo, para contarse sus escasas tradiciones, etc. A ve– ces, no siempre, acompañan el canto con flautas de caña o caramillos . Solo las mujeres pueden tocar tales instrumentos. Los niños, mientras los mayores cantan, deben guardar silencio; de lo contrario - dicen- "due– le el corazón". Si de improviso comienzan a cantar los pequeñuelos, los mayores se tapan los oídos; igual cosa hacen cuando aquéllos ríen estrepitosamente. Sin duda alguna, temen que desvirtúen el poder mágico de su canto o por su falta ae experiencia ahuyenten a los espíritus de sus antepasados. Si la visita llega al atardecer, luego de una corta demora, en espera de ser invitados a entrar al rancho, penetran en él, reciben toda clase de atenciones, so– bre todo por lo que respecta a la comida, y comienzan inmediatamente a entonar cánticos. Así se pasan la no-

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