BCCCAP000000000000000000000207
El p1imitivo edificio, de un solo tramo, con unas 12 celdas, se había duplicado con objeto de dar albergue a los estudiantes de filo– sofía, los cuales se trasladaron desde !barra, con su profesor, Padre Bartolomé de Igualada, el 20 de ab1il de 1885; porque el clima de Tulcán, según nueva opinión del P. Lorenzo de Mataró, era para los estudiantes más benigno que el de !barra (11). Con ellos sumaban 15 los religiosos de la comunidad: seis sacer– dotes, seis estudiantes y tres hermanos legos. En !barra afi1ma el mismo P. Matará que se componía la comunidad de 26 religiosos (12). La apertura de la escuela seráfica exigió nueva obra en la residencia de Tulcán: "una media agu a, adherida al costado izquierdo de la iglesia, divisiones para dormitorio y clases, sirviendo de capilla parte de la sacristía; y de comedor, otro aditamento a continuación de la misma sacristía". Se bendijeron las nuevas instalaciones el 8 de diciembre de 1887, fecha en que los seráficos, diez en total y todos colombianos, salvo Antonio Guerrón (fray Segismundo de Tulcán) y Avelino Villota (fray Mariano de !barra), se trasladaron desde las celdas que venían ocupando en la parte reservada a los profesos. Primer director, el P. Benito de Guatemala y primer vicedirector el P. Francisco de !barra. Al recibir el P. Andermatt la noticia de la inauguración, contestó complacido: "Hacemos público a todo el Comisariato Ecuatoriano que hemos sabido con extraordinaria satisfacción que se ha empezado real y efectivamente la utilísima institución de la Escuela Seráfica, cumplien– do en esto nuestros deseos... Cuanto hagan VV. PP. para propagar la Orden en América será grande consuelo para nuestro corazón. No perdonen pues medios ni sacrificios, confiando totalmente en la Divina Providencia" (13). Maravilloso refulgir de esperanza, cuando se había tenido que renunciar a la fundación en el fronte1izo Túquerres (Colombia) por el anticlericalismo liberal y se había abandonado Manabí por la in– seguridad política costeña. En las provincias de la sierra hubo relativ 0 tranquilidad tras la derrota y fuga del dictador Veintimilla (9 de julio de 1883), aunque no faltaran filtraciones radicales durante el mandato de sus sucesores en la presidencia José María Plácido Caamaño (1883- 1888) y Antonio Flores Jijón (1888-1892). También renació la calma en el sur de Colombia con tan buenos auspicios que el 12 de junio de 1888 se bendecía en Túquerres la primera piedra del Convento capu– chino, por el que venían suspirando clero y pueblo desde hacía un par de años. En diciembre de 1888 pasan de Tulcán al noviciado de !barra los primeros seráficos. El viaj e a pie, en jornadas razonables, con el padre 43
Made with FlippingBook
RkJQdWJsaXNoZXIy NDA3MTIz