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colaborador de García Moreno. Este y otros crímenes, como el asesinato del periodista Viola, atribuídos a la izquierda liberal, inmersa en la masonería, no parecen afectar al profesor Osvaldo Hurtado (actual presidente de la república de Ecuador), pues que, desde la universidad católica de Quito abre una campaña de vindicación liberal, como si nada salpicara a los c01ifeos, del barro de la calle. Reconoce no obstante que durante la dictadura del general Veintimilla campaba a sus anchas el anticlericalismo (6 ). La misma inquietud política, transida de clerofobia, pareció espolear a las gentes del Carchi hacia una autenticidad cristiana. En las misiones de Tulcán, luego de inauguradas iglesia y casa (enero de 1881) el público invadía el templo ("en que no hay bancos por no ser costumbre en este país") hasta no dejar un hueco. Cuatro padres apenas bastaron durante ocho horas diarias y a lo largo de un mes para absolver a la riada de penitentes. Predicador p1incipal, el P. Melchor de Ti.visa, al cual, luego de concluída su tarea misional, destacó en compañía del P. Manuel de Montbuy , en busca de capuchinos españoles, el comisa1io general de Ecuador, P. Lorenzo de Mataró (1878-1882) . De paso por Barbacoas, diócesis de Pasto, se entretuvieron por espacio de un mes en misionar aquellas gentes de tradición cristiana, enteramente abandonadas por falta de clero. Más de mil canoas de negros y de blancos animaron el río Telembí día a día, durante la campaña. Aún recordaban (y cantaron) himnos y preces, aferradas en sus hogares desde la época virreinal. Y más de mil matii– monios irregulares o simplemente naturales llegaron a legitimarse. El obispo de Pasto refirió al cronista PBP que aquella misión dejó huella profunda en los "irredentos" de Barbacoas. Regresó el P. Ti.visa a últimos de julio de 1882, con 12 jóvenes postulantes, diez de los cuales profesaron en agosto de 1883 y de 1884, de acuerdo con la edad; todos catalanes, salvo un mallorquín. Tulcán los recibió bajo dosel de guirnaldas y a los sones triunfales de la banda del regimiento militar. Desde !barra salieron a su encuentro 20 de a caballo (PBP, 73). Maestro de novicios, el P. Melchor de Ti.visa y profesor de filosofía el P. Bartolomé de Igualada, que inició sus clases con cinco estudiantes americanos (ecuato1ianos fray Francisco de !barra, fray Salvador de Tumbaviro y fray Ignacio de Cuenca); a ellos se agregaron, después de su profesión simple, cinco españoles. Confraternizaron tan natural– mente que, según declaró fray Ignacio de Cuenca (futuro Dr. Ezequiel 41

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