BCCCAP000000000000000000000206
LA FRATERNIDAD FRANCISCANA 271 üntiendo; alegraos y regocijaos en aquel día, porque vuestro premio s grande en el cielo ( 85 ). Hermanos, atendamos todos lo que dice l Señor: Amad a vuestros enemigos y haced bien a los que os abo– recen. Pues también nuestro Señor Jesucristo, cuyas pisadas debemos !guir, llamó amigo al traidor y se entregó voluntariamente a los que : crucificaron. Amigos nuestros son por consiguiente todos aquellos ue nos causan tribulaciones y penas, injurias y agravios, dolores y )rmentos, martirio y muerte; a éstos debemos amar de corazón; por– ue nosotros alcanzamos la vida eterna por medio de esos males que llos nos infieren" ( 86 ). Francisco llegó hasta el punto de tratar como a hermanos aun a los rdrones, que son el desecho de la humanidad. Expresamente ordena: Cualquiera que venga a los Frailes, sea amigo o enemigo, ladrón o tlteador, sea recibido amorosamente" ( 87 ). Cuán en serio tomara ,to el Santo, nos lo demuestra un delicioso capítulo del Speculum erfectionis. Al eremitorio de Borgo San Sepolcro venían a menudo ladrones de n cercano bosque y pedían pan a los Frailes. Creían algunos Frailes ue no era justo dar limosna a tales salteadores de caminos y malhe– hores; otros, por el contrarío, eran de opinión que había que darles e comer por compasión, para de ese modo moverlos a convertirse. :uando Francisco llegó al lugar, le propusieron la cuestión. Él res– ondió: "Si hacéis lo que os encargo, confío en el Señor que habéis e ganar sus almas. Id, pues, procuraos buen pan y buen vino, lle– adlo al bosque donde viven los ladrones y gritad en alta voz: Her- 1anos ladrones, venid aquí, que somos hermanos y os traemos buen an y buen vino. Al momento se presentarán. Vosotros extended 1ego un mantel sobre la tierra, poned encima pan y vino y servidles on humildad y alegría, hasta que se hayan saciado. Después de la omida habladles la palabra del Señor, y al fin rogadles que a nadie olpeen o maltraten en su persona. Y es que sí luego al principio les idiérais todo, no os atenderían; pero de ese modo os prometerán lo ue pedís, movidos de vuestra humildad y caridad. Al día siguiente 1 cambio de su buena promesa, llevadles además huevos y queso con an y vino y servidles del mismo modo. Cuando esté la comida ter- (85) MAT., V, 11 s.; Luc., VI, 22 s. (86) Regula I, c. 14, 16, 22; Opuse., ed. LEMMENs, 42, 45, 51; BoEHMER, 13, i, 19. Cfr. Regula II, c. 10; Admonitiones, n. 15. La primitiva historia fran– scana nos ha conservado muchos rasgos, de los cuales se deduce que los raíles cumplían a la letra estas instrucciones. Cfr. v. g. Tres Soc., n. 38-41; ►RO, A lANo, n, 6; Vita fr. Aegidii, 77, 83; Dicta b. Aegidii, 18 s. ( 87 ) "Et quicumque ad eos venerit amicus ve! adversarius, fur ve! latro, be- 1gne recipiatur." Regula I, c. 7; Opuse., LEMMENs, 34; BoEHMER, 8.
Made with FlippingBook
RkJQdWJsaXNoZXIy NDA3MTIz