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Vl Contesor y ¡dtrector de almas. Ocupado el padre Berardo casi toda su vida sacerdotal en los cargos que hemos apuntado, no pudo ejercer los ministerios apos– tólicos con aquella intensidad que lo hacen otros sagrados pregone– ros del Evangelio. Para el 'Púlpito tampoco tenía grandes cualida– des. Fué, sin embargo, e-specialmente en Gijón, asiduo y eficaz con– f:esor y director de buen núme>ro de almas, edificándolas con su vida ejemplar y encauzándolas mediante caritativa y firme dirección. <<El padre Berardo era muy recto, respetuoso y serio; aparente– mente, duro; pero lleno de verdadera caridad. Como confesor y di– rector daba muy sóltda dirección, y tendía a nevar a las penitentas a la comunión diaria, como lo hizo conmigo. Su dirección era ilus– trada, piadosa, firme; mas, saturada al mismo tiempo de gran cari– dad. Ni antes ni después de dirigirme con el padre Berardo he en– contrado otro ·director que tan bien me entendiera y tanto bien hiciera a mi alma. Seg.ún mi criterio, era el padre Berardo un ver– dadero santo... En no pocas tribulaciones en que me vi -durante el tiempo de su dirección, siem'J)re encontré orientación santa y con– suelo en el padre Berardo.» (Gloria González.) «Durante el tiempo que fué nuestro confesor, nos dió dos veces los santos ejerctcios y los días de retiro mensual. La primera vez que nos confesó nos dió también la primera :plática, cuyo asunto fué el siguiente: «Caminar a la perfección por medio de la práctica de las tres virtudes teologales: fe, esperanza y caridad, y por el camino de la cruz, bajo cualquier forma que se presente, abrazándonos a ella por puro amor de Dio.s.» Algunas copiamos el tema. Luego se aco– mo-dó a este tema general en todas sus pláttcas y lo propio hacía en los consejos de dirección espiritual. Bien persuadidas estábamos nosotras de que él praJCticaba dichas enseñanzas a nosotras impar– tidas en sus pláticas y en los consejos partlculare'S. El padre Berardo era un santo. A alguna de nosotras le bastaba ver al padre Berar– do para recogerse interiormente. ¡Aquella modestia, mansedumbre y humildad! eran un sermón continuo.» (Hermana sor María Cruz Vázquez.) «El padre Berardo era> en su persona, aparentemente serio, se– vero y muy :t:ecto. con 'Sólo verle se hacía respetar. Pero al propio tiempo era muy caritativo y amable. Como confesor y director de almas trataba de excitar y encaminar a la vida de piedad sólida. '70

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