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te, ya que por su estado de salud y por su ceguera casi completa podia pasar ·como uno de tantos asilados. Pero él no quiso despo– jarse del santo hábito ni salir del convento, porque me <Ujo: «De morir, quiero morir en el convento y con hábito.~ (Asunción Palacios.) «La víspera de la revolución del año 1936, revolución en la cual fué asesinado, una de nosotras se confesó con él en el convento de Capuchinos, y después de confesarre dijo al padre: «Padre, véngase a casa, porque están muy mal las cosas.» Respondió el padre : «Vea cómo está esto.» Se referia a la gente que esperaba para confesarse. Y, además, añadió: «St ustedes vivieran en la cOuia~. si iba; pero donde están ahora no me gusta.~ (María Velasco.) VIII Estalla el Movimiento.-Ocupación del convento por la Guardia Civil.-Abandono de los rreligiosos y asalto de los facinerosos. El día 18 de julio estalló el Movimiento general recuperador. Mas en Gijón no empezó hasta el día 20. Con este motivo, muy de ma– fiana la Guardia Civil, sin ser llamada por los religiosos, sino man– dada por orden superior, como lo manifestaron sus componentes, p~dió autoritativamente entrar en el convento, primero por la puerta de la capilla (y rogada por los religiosos para que no entraran), después lo hicieron por la puerta d'e la Residencia, y subió a la azotea, para desde alli combatir a la revolución. Todo el dia y parte de la noche, hasta las cuatro de la madrugada, estuvieron dispa– rando; pero sin previo aviso a los religiosos, se retiraron del convento y se rindió todo el Cuevpo a las turbas facinerosas. Los religiosos ni llamaron a la Benemérita, ni tenían armas, ni cogieron una sola en sus manos, ni dispararon contra nadie, como lo atestig.uaron los guardias· supervivientes que estuvieron en aquella desdichada co– yuntura en el o6nvento, pues declararon lo que a continuación puede ver el lector: «Los infrascritos Pedro Hernández Moreno y José Gar– cía, pertenecientes al CUerpo de la Guardia Civil, únicos supervivien– tes de los guardias civiles que ocuparon el convento de padres Ca– puchinos de Gijón el 20 de julio de 1936, declaran y testifican bajo juramento, que ningún religioso de dicha comunidad disparó contra nadie ni manejó arma alguna.» Abandonado el convento por los guardias, sin previo aviso a los religiosos, se ·percataron éstos del eminente peligro en que habían quedado, en absoluto indefensos y con la enemiga de haber dispa- 52

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