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y, por tanto, humilde, sabiendo sobrellevar con serenidad de ánimo las faltas d~ sus compañeros, aunque a veces pudieran ser más que suficientes para molestarse. <Para otro compañero de estudios mayores fué Norberto un alum– no serio, formal, bueno y piadoso, ejemplar y am1go de todos ; aña– diendo otro que fué de carácter tranquilo, pacifico, de piedad co– rriente y de frecuencia de sacramentos. Era un buen muchacho y un estudiante bueno en toda la extensión de la palabra.~ (Presbítero Fortunato Montiel.) II Las órdenes menores.-Los escrúpulos.- Del Seminario a la Tn;tpa.-Del Monasterio a las minas de carbón.– Donado perpetuo Capuchino. El joven y aventajado seminarista casi tocaba ya con la mano la meta de la carrera eclesiástica. La buena conducta, la aplicción al estudio, el espíritu de piedad, y las costumbres recomendables de que estaba dotado, no pasaron desapercibidas a los ojos vigilantes de sus Superiores, aconsejándole por lo mismo éstos que recibiera las Ordenes hasta ascender a la altísima dignidad de Ministro del Señor. Obediente y sumiso Norberto aceptó la primera Tonsura y las cuatro Ord~nes menores; pero no se atrevió a ordenarse de Subdiácono, y en consecuencia tampoco de las otras dos mayores, diácono y pres– bítero o sacerdote. ¿Cuál sería la causa de esta determinación, después de tantos años de estudio y de vida como más tarde convenía a todo sacer– dote? Al parecer los escrúpulos. «Al final de la carrera, informa uno de sus condiscípulos, se notó en él algún trastorno mental por escrú– pulos, neurastenia o lo que fuese, razón por la cual salió del Semi– nario sin recibir todas las Ordenes. Su hermano don Dámaso dice que atormentado por los escrúpulos dejó la carrera eclesiástica cuando ya tocaba a su fin. Desde luego, que Norberto pesó y pensó en la grandeza del sa– cerdoc1o y en las gravisimas obligaciones que impone a quien lo abraza. Por eso no pudo resolverse a echar sobre sus hombros tan honrosa y seria carga. Tal vez pensó en no pocas ocasiones que almas muy puras, en– cendidas como serafines en el amor de Dios, dadas por completo a los actos de caridad para con el prójimo, no se atrevieron a subir 391

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