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Pongo fin a las notas biográficas de éste nuestro Benjamín, apro– Piándome las palabras del padre Carrocera en su obra Má,rtires Ca– puchinos de Castilla, escribiendo sobre fray Saturnino: «... Pero al ver la de fray Saturnino (foto del cadáver), las lágrimas rodaron instintivamente por mis mejillas. Yo vi en él, en aquel semblante de niñ.o, en aquel rostro sereno, plácido, que más que el de un muerto parece el de un hombre que se ha entregado a delicioso y beatifico sueñ.o, vi, digo, la inocencia ultrajada, la inocencia vilmente asesi– nada, y que decía a sus verdugos: eMe habéis asesinado sin razón; era inocente, no tenia culpa alg.una., ,Su rostro, a la verdad, más parece el de persona que se ha entre– -gado a un suefio quieto y placentero. Yo, al verle, inconscientemente me acordé de aquellas noches que, turnando, pasábamos en vela, en previsión de algún desagradabl~ acontecimiento; cuando se senta– ba a mi lado, cerraba los ojos, simulaba dormir o se entregaba a un ligero sueño. Si, también ahora, segada vilmente su vida, su cuerpo se entregaba al eterno sueño, mientras su alma volaba a la mansión de la paz y de la dicha., Punto final. cLos que conociamos el temple de su alma y, a la vista del retrato tomado después de su muerte, fácilmente compren– demos cómo al tiempo de morir ofrecía su vida a Jesús y a su Ma– drecita esperando el momento que los tiros homtcidas abrieran la puerta a su alma para volar al delo. ¡Cómo brillará ahora la santa túnica de la que no quiso desprenderse en los mayores peligros, y qué luz arrojarán las heridas que en él abrieron las balas homici– das! ... ¡Hijo adorado! Al vernos desde el trono que ocupas en el cielo, bendice a tus padres, a tus hermanitos, a todos cuantos tanto te quisieron en este mundo, a toda la Orden Capuchina, y haz que todos vayamos pronto a gozar conttgo, cara a cara, al Corazón de Jesús y a nuestra común Madrecita. (Emilio Serrano.-Concepción Lizarralde.) 388

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