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Palazuelo, Fernando de Santiago y José María de Manila, contestó: «El cuarto seré yo.» Trató el joven visitante de darle alientos, pero el siervo de Dtos persistió en su idea, y al marchar le dijo: «Dame un abrazo, y te aseguro que si. en la tierra has tenido en mí un buen amigo, en el cielo tendrás un buen intercesor ante la santíSima Vir– gen.» (Julio Morales Hernández.) Fueron muchos los registros que las milicias hicieron en el domi– cilio de doña Josefa Barbo aun durante el tiempo que permanec~ó en ella fray Saturnino; pero hasta el día 20, ni él, ni Pepe, de quien se ha hecho mención en páginas anteriores; ni el hijo de la casa, Francisco Avila, fueron descubiertos. P.ero el día 20 se presentó una cuadrilla miliciana, al frente de la cual iba un sujeto de nombre Julio, conocido de Pepe. Cuando empezaron el registro sufrió un ataque al corazón doña Josefa y, entonces, sin detener a nadie, y prestando algunos asistencia a la señora, se fueron. Pepe, ya descu– bierto, creyó con fundamento que muy pronto volverían a detenerle, y por eso se marchó, invitando a fray Saturnino a irse también. Mas ·el siervo de Dios optó por quedarse, porque, sin documentación, que aún se la ·estaban arreglando, y sin un asilo adonde cobijarse, quiso, de ser detenido, que fuera en la casa de sus bienhechores, y así su– cedió en efecto. «Pasaron varios días sin que las milicias dieran señal de vida; pero llegó el día 25, y a eso de las diez de la mañana se presentó en el domicilio una pareja de guardias de la Dirección General de Seg.u– ridad preguntando por Pepe, contestándoseles que ya no estaba allí, .Porque el día 20 se había marchado. Pidieron luego la documentación .Personal de cada una de las personas de la casa 1 y como fray Satur– nino no la tenia aún, se les hizo saber que ya la estaban agenctando. »Ese mismo día 25 de agosto se levantó temprano el siervo de Dios, arreglándose y :atendiendo muy especialmente a su aseo per– sonal, peinándose incluso con dificultad la raya por el poco cabello que tenía; así arreglado se fué a saludar a la familia, y dirigiéndose .especialmente a la señora Josefa dijo: «Señora Josefa, ya estoy pre– parado para que me detengan. ¿Verdad que estoy guapo para que .me maten?» Carente fray Saturnino de documentación, los guardlas, luego de hacer un registro minucioso, resolvieron detenerle. Momentos antes de entreg.arse entró en la habitación a despedirse de la familia, di– ciendo a sus buenísimos bienhechores palabras de consuelo, espe– ·Cialmente a la señora, que no podía contener las lágrimas por la dolorosa emoción. Fué entonces cuando se desprendió de una cadena con un crucifUo que llevaba en el cuello, y luego de abrazar cari– ñosamente a doña Josefa se la entregó, ya que en varias ocasiones '384

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