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VIII Gracias atribuídas conjuntamente a fray Diego, al padre Miguel y algunas al padre Ambrosio.-Se desea su. beatittcación. cTenía un dedo malo; cre1 que me lo tenia que eortar; me enco– mendé a ellos con fe, y aunque algo defectuoso me quedó, no me lo cortaron. (Una devota.) cHe obtenido la gracia que pedi por intercesión de los siervos de Dios padres Ambrosio y Miguel, y fray Diego, y les envió una li– mosna.» (Lola Rodríguez.) «!Por un favor alcanzado, para la causa de beatificación de lÓs siervos de Dios, Ambrosio, Miguel y Diego.» (Una devota.) «Habiendo recibido una gxacia recomendada a los siervos de Dios Nuesto Señor, Ambrosio, M1guel y Diego por su intercesión, se lo comunico a ustedes para gloria de dichos siervos de Dios, y con el deseo de verlos pronto elevados a los altareS, les envió esta pequeña limosna para contribuir a los gastos de los procesos. ¡A la mayor honra y gloria de Dios!» (Una devota.) cHe recibido su atenta del 4 de los corrientes, pidiendo detalles sobre la gracia recibida por intercesión de los mártires de Mon– tehano. Pues bien: hace algunos meses enfermé gravemente del co– razón, de suerte que el médico se extrañó de que viviera en aquel es– tado, pues me habla visto en gran peligo de quedar muerta en el coro. Me mandó absoluto reposo, y con el tratamiento me puse tan mal, que no podia retener el menor alimento, y me molestaba mucho me hablaran, aunque fuera en voz baja, hasta el punto de que la celda o habitación parecíame que daba vueltas alrededor. En esto, la madre de una religiosa, nos envió un recorte de periódico con las fotos de los siervos de Dios, padre Miguel y fray Diego, mártires de Montehano. Empezamos la novena, y cesaron los vómitos. Poco a poco fuí mejorando, hasta el punto de poder seguír los actos de Co– munidad, que era la gracia que yo les pedi, y me ha sido concedida. No he curado totalmente, porque no he pedido tanto, pensando que yo también debo poner mi grano de arena para que se cumpla lo que falta a la Pasión de Cristo. Y estos santos hermanos me ayudarán a llevar la cruz. Estoy escribiendo delante de sus fotos, que están puestas en un cartón que hace de cuadro. »El año pasado curó de meningitis una sobrina de la mencionada religiosa, niña de trece años. En trance tan apurado, los padres y 359

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