BCCAP000000000000138ELEC

cDesde el 21 de agosto de 1936, estuve preso en la iglesia de Candás, convertida en cárcel, con el reverendo padre Domittlo de Ayóo, religioso Capuchino, detenido como él por el Comité de Guerra manqsta. El padre Domitilo recibía asistencia de alimentos y ropas de la casa del doctor Isidoro González, médico de Candás, quien per– dió también un hijo, con el padre Domitilo. Con mot~vo de cogerles a los dos un papel que les habían mandado desde fuera, aconseján– doles que huyeran porque les iban a matar, estuvieron incomunicados dos o tres días, los últimos de su vida : el primero en la sacristía, y el joven en el camarín. >Varias veces le ordenó el Comité de Guerra que se quitara el h ábito y se vistiese de seglar, y los mi·smos compafieros de prisión también se lo decíamos. Pero él se negaba rotundamente, diciendo que no se le quitaba, porque entonces no podía ir al cielo, y que él que– ría salvarse. A tantas órdenes y rue.gos se vistió un día de seglar con barba, y nos dijo luego a los compafieros: «Así estoy muy mab; a acto seguido se quitó la chaqueta y se volvió a poner el hábito. Por fin, ante la insistencia del Comité de Guerra, se tuvo qut> vestir de paisano; vtno de fuera un barbero, y Ie quitó el cerquillo y la barba. >El comportamiento del padre Domitilo, como relig.toso se portó de lo mejor, siendo ejemplar; pues buscaba los rincones para rezar y orar. A nosotros nos animaba y consolaba, y nos aconsejaba Que nos confesáramos para preparamos a bien morir para ir al cielo. Muchos se confesaron con él. El padre se solia confesar casi todos los días con el sacerdote don Pedro Parajón, actualmente párroco de Valdesoto en Siero. Todos los días nos rezaba el santo rosario, y ejerció verdadero apostolado de preparación para la muerte entre sus compañeros de pr1sión. A pesar de la seguridad que tenía de que le iban a matar, conservó su carácter jovial y ánimo sereno. «A nos– )tros nos matan>, solia decir tranquilamente.> (Ramón del Busto Rodríguez.) «En la iglesia-cárcel nos hicieron firmar una ficha en blanco. para después poner ellos la causa que mejor les pareciera, de nues– tra detención. Nos dábamos perfecta cuenta que firmábamos la sen- tencia de nuestra muerte. · »El padre Domitilo -era de carácter franco, alegre, comunicativo y optimista; no decayó un momento del buen ánimo, y fué el con– suelo y aliento para los otros presos, a quienes procuró consolar y alentar. Cuando se recibía alguna noticia alarmante, o los mismos guardianes de la cárcel nos insultaban o amenazaban, siempre el padre Domitilo lo tomaba a broma. »Su conducta en la iglesia-cárcel fué intachable, edificante y muy piadosa; aconsejaba y enseñaba a los otros detenidos, en grupos, ya 267

RkJQdWJsaXNoZXIy NDA3MTIz