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haberla conseguido por intercesión de su difunto hermano el reve– rendo padre Ramiro María de Sobradillo, asesinado en Paracuellos del Jarama (Madrid), en noviembre de 1936. Desde mediados de junio del afio en curso empieza a dolerse el manifestante de lo que posteriormente resultó ser un «absceso fistulado:.. Puesto en manos de la ciencia médica, se recurrió a todos los medios conocidos para la disolución de dicho diagnóstico,. fracasando la eficacia de la acu– cilina, la de los continuos y fuertes fomentos y los otros tratamien– tos recetados. Decidido el paciente a operarse, intenta hospitalizarse en el Militar de Segovia, su residencia actual, a primeros de octubre del referido afio. Mas como el teniente coronel médico, que había de operarle le manifestase que de no tener que ausentarse de la capi– tal, le operaria el día 6 o 7 de dicho mes, pero que esperase hasta su regreso. Decidió entonces el que suscribe no ingresar en el hos– p}tal hasta que no pudiese ser operado, según le indicó el señor ci– rujano, y... ¿coincidencia?... ¿milagro? ... Lo cierto es que el dia 8 del repetido octubre, y cuando tenía que llevar solamente de vein– ticuatro a cuarenta y ocho horas operado, de no haberse marchado el cirujano, se incendió el Hospital Militar, el que quedó todo inser– vible, pues la planta superior y las salas de cirugía y quirófano fueron integ.ramente pasto de las llamas, resultando la planta baja y só– tanos obstruidos por los escombros así como las escaleras de todo el benéfico establec}miento. Los enfermos pudieron ser evacuados a tiempo unos, y azarosamente otros, siendo conmovedoras las escenas registradas entre los deudos de los mismos al conocerse ias primeras y confusas noticias del siniestro. Sin embargo, gracias a Dios, la es– posa del que esto narra y escribe se vió libre de tal impresión. que en ella hubiese sido fatal por padecer desde aLgún t~empo a esta parte lesión de corazón de pronóstico grave, seg\in dictamen del médi– co que la asiste. Resumiendo: Se libra el manifestante de la tragedia vivida por los enfermos en el Hospital Militar de Segovia, y con ello queda también la fuerte y desagradable impresión y sus consecuencias que tan trágica noticia hubiese producido en su esposa, enferma car– diaca. Para nosotros los familiares del padre Ramiro, todo está re– lacionado con la protección que él, desde el Cielo, nos dispensa (2 de diciembre de 1954). Sevilla, 9 de enero de 1958.-Reverendo padre Postulador: Ya hace tiempo que le quería escribir para agradecerle las novenas que .me envió... Me complazco en anunciarle que el santo padre Ramiro no deja de atenderme, ya que siempre me encomiendo a él, considerán– dole un gran intercesor ante -el Santísimo Cristo. Yo me quedé viuda, y como mi marido fué un hombre honrado, a pesar de ostentar un cargo en que otros hombres se pudiesen haber hecho ricos, él no se '256

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