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~-¿Te gustaría a ti morir? ~-Desde luego, si ésa es la voluntad de Dios. »-¿Qué parte tomaste en el movimiento faccioso? »-Ninguna. »-¿Qué hacías tú en el convento? »-Decía la misa, predicaba y enseñaba catecismo. »-¿Y si lo llevamos al frente con ·el Gobierno republicano? »- Estaría dispuesto, si podia ejercer el ministerio propto del sacerdote. »-Eso de las misas de los curas ya se acabó. ¿Qué prefieres, tirar tiros o morir? »--8i es así, prefiero la muerte. Acto seg.uido hicieron el simulacro del fusilamiento. Luego, en el mismo coche y con los tres indeseables acompañan– tes, le condujeron a la checa establecida en Cuatro Caminos; en ella le sometieron a otro interrogatorio semejante al anterior, pero pre– guntándole especialmente por el paradero de los Superiores. El pa– dre no les dió ninguna dirección con que pudieran orientarse para dar con los Superiores o con algún otro religioso de la comunidad, confesando llana y lisamente que si era religioso y que estaba dis– puesto a ir al frente para cumplir allí los ministerios propios de su estado sacerdotal. Se siguieron insultos e improperios, pero el pre– sidente de la checa le dijo que por haber sido tan claro en sus ma– nifestaciones le perdonaban la vida, enviándole a la Dirección Ge– neral de Seguridad. En dicho centro policíaco permaneció un día solamente, siendo en la noche sigu1ente conducido a la Cárcel Mo– delo y destinado como preso a la galería quinta, en donde ejerció fecundo apostolado, y en la cual permaneció hasta el 12 de noviem– bre, trasladándole a la cárcel de San Antón, colegio hermosísimo convertido por los comunistas en prisión de los buenos y de los es– pañoles honrados. (Fray Balbino de Ferral.) Cuando el siervo de Dios se encontraba en la Cárcel Modelo fué su cuñado coh la prima a llevarle algún alimento, pero no los de– jaron acercarse, dudando de si se lo entregarían o se quedarían con ello. Otro dia le llevó una manta; desde lejos pudo verle y pregun– tarle por qué le habían detenido y encarcelado. A lo que él respon– dió: «Me parece que por alguna denuncia.» Cierto que los milicia– nos sabían que era religioso, según queda ya suficientemente con– signado, pues preguntaron por el fraile. (Concepción González.) 250

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